viernes, 9 de octubre de 2009

Una vuelta por las imágenes

Este texto lo escribí basándome (copiando prácticamente) un cuento de Julio Cortázar que se llama las babas del diablo

Sin presentar gran afinidad por el mundo de la fotografía hay veces en las que me levanto con unas ganas enfermas de salir y tomar fotos mientras camino. Tengo la esperanza de captar el momento justo en el que un gato ataja en pleno vuelo a un pájaro o tal vez un rayo de luz que se refleja de manera hermosa en algún cristal de la ciudad.

Esta afinidad se volvió a presentar en el pasado Junio. Me acuerdo que tenía libre ese día, pues las movilizaciones estudiantiles estaban en su momento mas álgido y yo me sentía un tanto cansado de la situación revolucionaria. Por eso es que salí a buscar los acontecimientos que en el primer párrafo soñaba con encontrar, tenía la necesidad de relajarme. En esa semana ya había provado con varias formas buscarme una suerte de paz. Las drogas fueron el primer intento, después pasé por el escuchar música de manera introspectiva, luego traté de hacerla (pero es mucho más difícil y estresante, lo que la hace genial). También intenté leer, pero ni una resultó y descubrí que era tiempo de intentar con los que para mi son los métodos no convencionales de buscar un poco de paz. Tomé el bolso con la cámara adentro, busqué mis llaves, algo de dinero y salí. Lo primero que hice fue comprar algunos cigarros, para antes de sacar alguna foto sentarme en una banca y no sentirme un completo inútil en este universo porque me estoy fumando un cigarro. No fue uno, sino que dos.

Cuando había olvidado casi que salí a la calle para tomar una foto lo recordé, entonces empezé a caminar por un parque que está cerca de mi casa mientras tomaba fotos de mentira (porque son digitales). Ya cuando llevaba unas cuantas fotos completamente inútiles tomé la mejor foto que he tomado, en ella había un escolar menor que yo por esos tiempos sentado junto a la vergüenza y la inseguridad de ser deseado por una mujer mayor. Esa mujer mayor estaba sentado junto al puberto inseguro y avergonzado con cara de sabe que lo que hacía era incorrecto, pero era lo que sentía.

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